Soy emprendedor, siempre lo fuí.
Ahora también escribo.





Antes, la palabra “emprendedor” no era tan común.
De hecho, me di cuenta ya de grande de que ese espíritu siempre había estado en mí. Recuerdo que a los 5 años ya vendía helados y, a los 11, atendía mi propio puesto. Pertenezco a esa generación que casi “jugaba a trabajar” siendo chico, cuando el trabajo y el hacer eran parte de nuestra vida cotidiana.
Mi primera actividad emprendedora formal llegó cuando lancé una empresa de venta directa. Llegué a formar una comunidad de supervisoras y revendedoras, mientras, en paralelo, estudiaba Odontología en la Universidad.
Pero en el fondo ya sabía algo: mi verdadera pasión no estaba solamente en una profesión, sino en crear y organizar. Incluso cuando pensaba en la odontología, me imaginaba más creando una cadena de consultorios que pasando toda mi vida atendiendo pacientes.
La llegada de mi primer hijo cambió mi perspectiva. Junto con mi esposa, decidimos mudarnos a una ciudad más tranquila del interior del país.
Allí nació un nuevo emprendimiento mayorista orientado a revendedoras de lencería que querían iniciar su propio negocio. Con el tiempo, aquel proyecto se transformó en una franquicia con varios locales en Argentina.
Unos años después, llegó otro proyecto dentro del mundo de la lencería, esta vez incorporando también prendas eróticas y animándonos a ampliar un poco la idea tradicional de lo que significaba vender ropa íntima.
Más adelante me lancé en una dirección completamente diferente: seguridad, cámaras, alarmas y monitoreo.
¿Cómo se pasa de vender lencería a instalar cámaras de seguridad?
Simple: la pasión por emprender.
El camino del emprendedor está lleno de aciertos y errores, de éxitos, tropiezos y aprendizajes. Durante muchos años esa fue mi manera de moverme por la vida: imaginar algo, darle forma y tratar de hacerlo realidad.
Hasta que, a los 49 años, ocurrió algo que no estaba en ningún plan.
Un problema de salud me obligó a frenar y apareció una pregunta diferente:
¿Qué quiero hacer con lo que me queda por vivir?
De esa pregunta empezaron a nacer libros, conversaciones, talleres y finalmente Modo Silver.
Hoy sigo haciendo, en esencia, lo mismo que hice toda mi vida: crear.
Solo que esta vez no nació de una oportunidad de negocio.
Nació de una segunda oportunidad.
Y vos, ¿qué vas a hacer con los años que tenés por delante?
Escribime y contame.
Tal vez ponerlo en palabras sea el primer paso para que empiece a suceder.
Te escucho